viernes, 30 de septiembre de 2011

¡Mariana Fabbiani en Revista Watt!

Miss Simpatía
La dueña de la sonrisa más conocida habla de su vida personal y de cómo está la tele. una persona llena de positividad y alegría, pero que no deja de lado la sensatez y el razonamiento. 

TXT. Antonella Orlando /  PH. Mariano Michkin
Detrás de las ventanas del local de indumentaria donde estamos haciendo la sesión de fotos con Mariana, la gente se agolpa intentando agarrar uno de los tantos saludos que ella tira al aire con mucha simpatía. Entre los cambios de ropa, firma autógrafos y hasta le recomienda un pantalón a una mujer. Terminadas las fotos, nos cruzamos al café que está enfrente y la ola de buena onda sigue. Antes de encender el grabador, se acerca un mozo llamado Alex y le dice: “Perdón por la interrupción, pero sos el amor de mi vida.” Le regala una caja con bombones y ella le agradece sin vergüenza, pero muy conmovida. Empieza la entrevista. Mariana nos comprueba, sin saberlo, por qué la gente le tiene tanto cariño.

¿Cómo experimentabas la fama antes y cómo la vivís ahora?
La verdad que no siento que ser famosa me haya cambiado. Siempre me pareció algo natural, quizás porque vengo de una familia conocida. Era común ir a comer y que lo saludaran a mi abuelo (Mariano Mores). La fama nunca me pareció un fin en sí mismo, sino consecuencia del laburo. Quizás lo que sí siento es que mi popularidad ha crecido, y el cariño que me brinda la gente es más general. Ahora tengo otra conexión con las personas, es un cariño muy sincero. Son muy naturales conmigo, porque yo también lo soy. Desde que empecé, sentí el cariño instantáneo del medio hacia mí. Creo que porque vengo de una familia muy respetada y que ha devuelto ese respeto. Intento seguir ese legado. Quiero mucho lo que hago, amo mi medio artístico y no reniego de estar acá o de ser famosa.

Muchas veces decís que intentás separar lo importante que es tu trabajo de lo que pasa en la tele… ¿cómo lográs ese equilibrio?
No es que la tele no me importe, sino que hay una invasión de cosas poco importantes. Vivimos en semejante mezcla de cosas que siempre siento que estoy navegando en la cornisa. Si me tomo todo muy en serio, se me va a quemar la cabeza. Me encanta hacer el programa, soy respetuosa del público. La tele está con un material muy difícil. Hay cosas graciosas que se toman dramáticamente y cosas dramáticas que se las toma graciosamente…todo está medio denso. Hago un filtro y le saco la seriedad a temas que no lo acreditan. Pero trato de no reírme porque sí…estoy hablando de personas.

Y probablemente, tres meses después esas personas no resistan al archivo…
¡Claro! Al principio tenía muchos reparos para opinar…me parecía terrible. Pero también hay que ver quién es la persona de la que estás hablando, porque hay algunos que se ponen en ese lugar. Aunque en el intento de ser graciosa, no digo nada que vaya en contra de lo que pienso.

¿Alguna vez te arrepentiste de algo que dijiste o hiciste al aire?
Peco de menos que de más. Creo que la gente respeta mi estilo. El límite es el buen gusto y la educación. Pero conduzco un programa que cuenta qué está pasando en los medios y en los medios está pasando esto. El minuto a minuto te va marcando el camino y no lo podés dejar de escuchar. Me gusta leer los diarios y estoy preparada si tengo que cubrir algo circunstancial que pasó en el día. Y lo que tiene que ver con lo mediático…no hago nada para informarme, te entra solo en la cabeza (risas). ¿No es rarísimo? (risas más fuertes) Ya sabés cuánto va a durar un escándalo. Esas cosas las tomo como una gran ficción y es la manera de tomar distancia. La tele está así, pero los ciclos van cambiando. Creo que la gente se divierte conmigo. Todos llegan quemados a sus casas y mi trabajo es llevar alegría…en el paquete que quieras, pero ese es mi laburo.
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“Ya sabés cuánto va a durar un escándalo. Esas cosas las tomo como una gran ficción y es la manera de tomar distancia.”
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¿Qué opinás de la tele en general?
El tema es que la tele no sea todo eso que estábamos hablando. ¿Qué lugar hay para las otras cosas que necesitás? Tiene que haber más diversidad y nos tenemos que arriesgar más. Pero me gusta la tele, ojo…

No la estás demonizando…
Exactamente. Veo teles de otros países y tenemos una muy buena televisión. Es verdad que el contenido está muy monotemático, pero hay muy buena gente laburando.

Siempre conducís con buena onda. Jamás se te nota si tenés un mal día …
¡Nunca! (se sonríe). Es que trabajo de esto…ese es el verdadero oficio y estamos entrenados. Me hace muy bien hacer el programa. De chica quería ser actriz y siempre escuchaba decir que los actores deben partir de un estado neutro para ejercer su trabajo. Y eso hacemos los que trabajamos en la tele. A veces llego cargada de cosas, algunas divinas, otras horribles. Dejo todo en el camarín. Arranco el programa y me retroalimenta, me hace bien.

¿Y cuándo termina?
Me cuesta bajar, me voy relajando cuando vuelvo en el auto. Llego a casa y está mi bebé. La baño, le doy de comer…empieza esa otra vorágine que hace que me desconecte al toque. Pero mi trabajo no tiene que ver con sacarme y ponerme un traje, laburo conmigo misma. Ya decir que tuve un día fatal, me neutraliza. Todos los que hacemos esto tenemos que aprender a hacer el clic, esa desconexión. Y ese clic trato de no hacerlo en la vida cotidiana, porque no puedo decir: “¡No! No me pasa nada, ¡estoy bien!”. Intento transitar las cosas que me suceden y soy una persona muy a tierra. Puede parecer que estoy sobrevolando, pero soy muy consciente. A veces, veo gente famosa que te habla, pero no te habla…esta cosa de políticos, que no sabés si lo que está sucediendo es real o están en transe. Creo que no soy así (risas). Tenés que asumir tus inseguridades y saber que no sos un ser intocable.

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¿Qué inseguridades ya no tenés?
Siempre estoy revisando cosas, pero eso tiene que ver con la edad y con ser madre. Es inevitable. Siento que la seguridad llegó con la experiencia y también con la aprobación, ¡por qué no decirlo! Eso ayuda mucho. Los otros pueden cambiar de canal. Hoy estoy más concentrada en equilibrar mi vida personal y el trabajo.

¿Tenías miedo de no poder compatibilizar ambas cosas?
Sabía que iba a priorizar ser mamá, por más que me encante trabajar y me sienta privilegiada. Ahora con Matilda, ¡no me importa nada! Estoy feliz con mis horas de mamá, son intocables. Nunca negocio su tiempo.

¿Qué disfrutás de esas horas?
Ver las cosas que aprende, cómo va cambiando y se va transformando en una personita. Y pasa tan rápido que no me lo quiero perder. Estoy en el aquí y ahora. Tenemos un vínculo muy lindo. Cuando le digo que me voy a trabajar, me saluda. Creo que sabe que vuelvo rápido...

¿No llora?
¡No! Y al principio no entendía por qué no lloraba (risas). Y una vez una maestra jardinera me dijo que tenía que estar contenta, porque Matilda estaba segura que volvía. Y cuando arranca el programa, mira la tele y me saluda. Una vez me quedé en casa, porque estaba enferma y estaba conduciendo Humberto. Ella lo miró y dijo: “¡Mamá!”. Me dio mucha ternura. Mira las revistas y cada rubia que ve dice lo mismo (risas). Estoy muy pendiente, porque la autoestima de los chicos depende de esos primeros años, de cómo uno los trata, los mima y también los mira. Mis viejos siempre fueron de fierro y soy una gran defensora de la familia. Mariano también es muy familiero.
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“Está bueno equivocarse cuando lo hacés desde tu propia convicción. Pero cuando me equivoco habiendo seguido el consejo del otro, me da tanto odio que esa noche no duermo (risas).”

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¿Qué cosas hacen los fines de semana?
Nos encanta comer juntos. Y los findes salimos a almorzar. Es un caos, pero lo hacemos igual. Sabemos que hay algunos lugares a los que no podemos volver (risas).

¿Cómo es Mariano como padre?
Es un papá súper cariñoso y presente. Te enamora ver a tu hombre como papá. Lo ves protector (sonríe). Una se pone un poco obsesiva: “¡El pañal va así! ¡La ropita es esa!”. Y el hombre cuando te quiere ayudar lo hace a su manera. Él me marca el límite y yo me muerdo los labios (risas). Es maravilloso ser padre. Empezás a reconocer cosas de tu propia vida que tenías ocultas…

¿Qué cosas?
Recuerdos de tu infancia, sensaciones. La veo tener una reacción y entiendo lo que le está pasando, porque también me sentí así de chiquita.

¿Ya pensás en tener otro hijo?
Sí, lo pienso. Algunas veces me da fiaca por el tema del trabajo, pero no quiero que tengan mucha diferencia de edad. Antes tenía miedo porque hoy las mujeres trabajan, estudian y piensan que nunca es el momento. Pero tienen que saber que todo se ordena tarde o temprano. Hay una ley universal.

¿Creés que tu lugar va a ser siempre la conducción?
Sí. Me veo conduciendo de acá a diez años, pero me gustaría incursionar en otras cosas desde este lugar. Me muero si no queda nada para hacer. Me dan ganas de experimentar la actuación, pero más como juego y para sacarme el gusto. He postergado muchas oportunidades, aunque siempre elegí muy a conciencia. He dicho varios “NO” importantes; algunos hasta me hicieron dudar. Pero siempre fue un paso hacia adelante, jamás un paso hacia atrás. Y nunca estuve apurada, traté de estar tranquila. Hay que darle a cada espacio el tiempo que se merece, porque sino la tele te chupa.

¿Sentiste en algún momento que te chupaba?
Sí, totalmente. Cuando te está yendo bien te ofrecen de todo y hay que saber elegir. Y he consultado mis decisiones. Soy humilde en ese sentido, necesito escuchar esa otra voz. Pero finalmente la elección es mía. Está bueno equivocarse cuando lo hacés desde tu propia convicción. Ahí no me parece grave. Pero cuando me equivoco habiendo seguido el consejo del otro, me da tanto odio que esa noche no duermo (risas). La gente sabia es aquella que ejerce la aceptación y creo que eso es lo más importante para todos los ámbitos de la vida. Si no te aceptás, te das la cabeza contra la pared.
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REMIX
FAMOSO DEL QUE ESTABAS ENAMORADA CUANDO ERAS CHICA
Pierce Brosnan. Y de Leo Sbaraglia en Clave de Sol. Una vez le confesé que lo perseguí por la calle gritándole “¡Diego!” (el nombre de su personaje)

¿QUÉ HARÍAS EN 24HS DE IMPUNIDAD?
Soy mi peor jueza. No lo sabría aprovechar. Aunque le diría a algunos lo que pienso

ALGO CON LO QUE TE JODÍAN EN EL COLEGIO
La boca, obvio. Me decían Risitas

CONDUCTORA CON LA CUAL TE GUSTARÍA TRABAJAR
Ellen Degeneres

SONRISA QUE TE GUSTARÍA TENER SI NO TUVIERAS LA TUYA
Julia Roberts

MULETILLA QUE REPETÍAS CUANDO EMPEZASTE A CONDUCIR
Lo vemos (risas)…eso me quedó de PNP.

PRIMER RECUERDO DE LA INFANCIA
Mar del Plata. Mi familia haciendo temporada. Y yendo a ver a mi abuela al teatro que actuaba.

INSULTO PREFERIDO
Pelotudo. bien puesto y pronunciado es súper efectivo (risas)

CANCIÓN QUE TE EMOCIONA
Algún tango de mi abuelo…Grisel o En esta tarde gris.

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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Que es L E V del prode?

RENZO BERECOECHEA dijo...

¡LOCAL, EMPATE y VISITANTE!

Saludos...

Anónimo dijo...

Muchas Gracias Renzo!!! Muy lindo el blog.
Besos