sábado, 23 de octubre de 2010

Mariana en Revista Ohlalá!

En su recién estrenado rol de madre, la conductora de RSM comparte con nosotras su experiencia: el parto, los miedos, la pareja, las rutinas, los cambios del cuerpo y el tema de volver al trabajo.

Llega ataviada de bolsones, empujando el cochecito y con una expresión radiante. Mariana Fabbiani nos presenta a Matilda, la beba de cinco meses que tuvo con Mariano Chihade, y hace una pregunta absolutamente retórica: "Díganme la verdad, ¿no es objetivamente linda?".

¡Obviooooo!, morimos ante esos ojazos claros y la carita de "bebé de propaganda" que tiene. La conductora prime-time de América está enamoradísima de su hija y exultante en este nuevo rol de mamá. "Estoy muy feliz -cuenta, y se activa-. Es muy loco lo que te pasa con la maternidad, lo que cuentan que va a pasarte es muy difícil de comprender hasta que atravesás el momento. Todo eso que escuchaba y me parecían lugares comunes o frases hechas ¡es real! Es muy fuerte, todo se da vuelta, todo se reordena".

¿Qué frase común acuñaste como propia?

Aquello de que tu escala de valores se reordena y que eso que te parecía importante o los miedos que tenías pasan a un segundo plano. Aparecen otros miedos. El miedo más grande que yo tenía era pensar cómo me iba a manejar con mis tiempos, con mi independencia, y tal vez por eso me demoré en tener un bebé. Tenía esa fantasía de que iba a dejar de vivir un montón de cosas por la maternidad. Esa ansiedad, que yo ubico entre los 20 y los 30 y que te lleva a querer conseguir cierta estabilidad en lo profesional. Creo que haber sido madre después de los 30 me permite no tener esa ansiedad y darle el lugar que se merece este momento.


¿Cuál es ese lugar?

De disfrute total, nada es más importante. Esas cosas que te dicen: "Olvidate de dormir", "olvidate de tener tiempo para leer". Se supone que todas las cosas que te gustan no las vas a poder hacer más. ¡Y es con un gusto tremendo que una no las hace! Sacrificar esas cosas frívolas que una cree que no va a tener más tiempo para hacer, como ir a hacerte las manos.

Pero las tenés divinas.

Es que me las hice para la producción de OHLALÁ! hace tres días encontré un hueco y aproveché. Es cierto que dejás de hacer algunas cosas, pero a mí nada me hace más feliz hoy que estar en mi casa con mi hija. Es un enamoramiento muy especial. ¿Ven? Vuelvo a caer en los lugares comunes.

¿Cuáles son los rituales diarios junto con Matilda?

Por mi trabajo, voy un poco en contra: a la hora que todo el mundo te dice que hay que bañarlos, tipo 7 de la tarde, yo me estoy maquillando para el programa. Vuelvo a las diez y pico y ahí la baño. Matilda se va a dormir a la 1 de la mañana. La acostumbré a mis horarios porque esa fue la forma de que yo pudiera participar.

¿Duerme toda la noche?

¡Toda! Hasta las 9 de la mañana. Es una genia. Los primeros meses no, fue una hecatombe, y entre la teta y eso, a veces no dormía más de una hora seguida. Pero ahora es una santa. La miro todas las mañanas y le digo: "Gracias, no cambies". (Risas.)


¿Cuándo volviste a dormir?

A los dos meses. Yo lo relaciono con que pude quedarme con ella a full, conocerla, y no que Matilda tuviera determinado ritmo para que yo pudiera tener el mío. Además, me tomé mi tiempo para volver a trabajar, y eso me ayudó a adaptarme a lo que ella necesitaba, le di prioridad. Eso me dio tranquilidad, y ella está tranquila.

¿Comparte la habitación con ustedes?

Sí, pero obviamente ya tiene su cuarto listo. Me mudé de casa cuando estaba de siete meses y pico de embarazo, ¡una movida tremenda! Y ahí le armé su habitación con mucha atención y mucho amor en todos los detalles.

¿Cómo es Matilda?

¡Muy alegre! Tiene una personalidad que me ayuda mucho como mamá. Todas mis amigas me dicen: "No sabés la suerte que tenés".

¿Por qué elegiste trabajar hasta último momento de tu embarazo?

Me sentía muy cómoda haciendo el programa, la pasaba bien, y una vez que pasé los primeros cuatro meses en los que no me sentí muy bien, después era una buena distracción. El laburo me ayudó a seguir con mi ritmo y no caer en el "pachorrismo". Tenía la libertad de irme cuando quisiera; eso también ayudó a que me fuera quedando, hasta que no di más, ya muy cerca de la fecha de parto. Lo que pasa es que yo me pasé casi dos semanas.

¿Cómo fueron esas dos semanas "extra" de embarazo?

¡Terribles! Tenía la fantasía de que iba a despertarme a mitad de la noche, como en las películas, y le iba a decir a Mariano: "¡Vamos, agarrá todo, que llegó el momento!". En los últimos días, ya no me sentía bien, estaba muy pesada, y encima, en el medio, saltó la noticia de que ya había parido.

Y todo el mundo te llamó para felicitarte.

Sí, tenía que agradecer el llamado, aclarar que era un error y después pensar que cuando naciera no me iba a llamar nadie. ¡Fue como un simulacro! Tenía mucha ansiedad, y encima me agarró una especie de urticaria en todo el cuerpo. Ahí el médico me dijo: "Vamos a tener que ir a cesárea.". Con la terquedad que me caracteriza, le dije: "Bueno, pero probemos igual una inducción". Y finalmente fue parto natural. Resultó trabajoso, pero hermoso.

¿Habías hecho el curso de preparto?

Hice un curso con mi partera como para decir "hice algo", pero fui muy primitiva. No lo recomiendo, es mejor llegar al parto más informada.

¿Por qué no te informaste lo suficiente?

No me quise llenar de información, no me quería empezar a hacer la cabeza con todo lo que puede pasar en un parto. Entonces, en un momento corté la lectura, tampoco hice gimnasia ni yoga. ¡Todo lo contrario a como soy yo! Fue muy raro, el embarazo fue como un paréntesis, una pausa total.

¿Cómo fue el parto?

La experiencia más maravillosa de mi vida. Todo el tiempo tuve la sensación de que era un dolor que daba lugar a algo maravilloso y no me importó nada. Le tenía más miedo al después, al dar la teta.

¿Por qué?

No sé, tenía miedo de que me doliera o que no se prendiera, pero se me hizo muy fácil. Se prendió al toque.

¿Matilda toma mamadera también?

Una, cuando estoy en el programa. Cuando puedo sacarme leche, me saco; si no, toma de fórmula. Es un tema ése.

No está en tus planes inmolarte con un sacaleche...

¡Me inmolé! Hasta que me di cuenta de que no iba. No es tan fácil para todas las mujeres. ¡Tampoco el flagelo!

¿Con quién se queda cuando te vas a trabajar?

Con mi mamá y la de Mariano, que son dos abuelas maravillosas. También están mi abuela y una señora que ayuda en casa. Traté de no obsesionarme con los celos de no entregarla. Debe ser por eso que ella se queda muy tranqui.

¿Te gusta comprarle cosas?

Sí; la semana pasada fuimos juntas al shopping por primera vez, me daban ganas de comprarle todo. Haber tenido una hija me exacerba el tema de la coquetería, me siento jugando a las muñecas, me encanta vestirla, le pruebo varios looks diferentes al día, le saco fotos. ¡Pobrecita!

Mariana, antes decías que te tomaste "tu tiempo", tres meses, para volver a trabajar, pero algunas mujeres extienden un poco más la licencia, ¿vos no podías?

Tomarme más tiempo habría sido una falta de respeto a mi equipo de trabajo. Ya me habían bancado mucho, yo pensé que al mes volvería. Desde el 94, cuando arranqué a trabajar, nunca paré, creí que iba a extrañar o que me iba a sentir rara viendo el programa desde casa. No sabía qué iba a pasarme con eso.


¿Y qué te pasó?

No me pasó nada, lo re disfruté viéndolo desde casa. Pude quitarme el ojo crítico y disfrutarlo como espectadora.

¿De verdad?

Bueno, cuando Humberto (Tortonese) se ponía muy guarango, le mandaba un mensajito de texto retándolo. "¡Basta, se están yendo a la banquina!" Pero lo hizo bárbaro, y yo tuve como una especie de reenamoramiento con el programa.

¿Qué cambió en tu rutina laboral con la llegada de Matilda?

Antes llegaba al canal con tres o cuatro horas de anticipación. Ahora hago todo por teléfono y me maquillo y me peino en casa, mientras doy la teta. Eso me permite irme sin culpa. Igual, el tema de la culpa hay que trabajarlo a diario, ¿viste? Es muy fácil caer en esa trampa. Por suerte, cuando vuelvo del laburo, veo que ella está bárbara y me alivia un montón. Se ve que no soy tan indispensable. (Carcajadas.)

¿Se te pasó por la cabeza lo complicado que suelen ser las relaciones madre e hija?

No, al contrario. En realidad, siempre me imaginé mamá de un varón, y quería un varón porque Mariano también lo quería. Y cuando me dijeron que sería una nena, me costó focalizar. Después tuve la sensación de que iba a estar siempre acompañada, compartiendo, como con una amiga: ir de compras, ir a la peluquería, poder contarle las cosas que me pasaron y me pasan como mujer. Lejos de tener que ver con la competencia, fue más como una cosa de unión.

¿Qué tal Mariano como flamante padre?

Es un súper compañero. Igualmente, en los primeros meses, el hombre está intentando encontrar su lugar, ¿no? Desde el momento en que estuvo en el parto y pudo soportarlo sin desmayarse, ya me dio la pauta de cómo vendría la mano. Yo creí que no se lo iba a bancar. El es muy cariñoso, muy presente, quizá nunca me obsesioné con que cambie pañales.

¿Lo hace?

No, pero no me preocupa nada. Y si tiene que cambiarlos, los cambiará. Creo que lo que nos pasa a las mujeres es que con toda la revolución hormonal del embarazo, nos ponemos muy demandantes y nos obsesionamos con cosas que, en el fondo, son cero importantes.

¿Por qué no cambia pañales?

Prefiere no cambiarlos. Tal vez porque no sabe si lo va a hacer bien, porque es una nena, no sé bien por qué, pero está todo bien. Y además, Mariano está en otros momentos que me parecen más importantes.

Y a nivel pareja, ¿también hubo reacomodamientos?

Obvio, es una estructura nueva. Ahora tenemos que ser mucho más flexibles hasta que entendamos bien cómo viene la mano. Es un proceso, y no hay que resistirse a ese cambio, porque, de ser una pareja, pasamos a ser una familia. Ya no podemos salir cuando se nos antoja, hay que programarlo.

Igualmente, estás saliendo, ¿no? Te vimos en el BAF.

Sí, pero fue lo único que hice en todo este tiempo. Cuando tengo ganas y si tenemos el cumple de un amigo, vamos, obvio. Pero tampoco tengo mucho interés en volver a la rutina social que tenía antes de ser madre, ¿eh?

¿Cuánto aumentaste durante el embarazo?

¡16 kilos! Se ve que empecé a asimilar lo que comía, no sé. Yo siempre fui de buen comer, pero nunca engordaba. Y la verdad es que no me veía gorda, se los juro. Todo el mundo me decía que estaba espléndida y yo me lo creía.

¿Cómo te arreglaste con la ropa?

La moda ayudó bastante, y no luché contra la realidad. Los jeans no me entraban y no me entraban. Entonces, me fui para las calzas. Tenía dos pantalones para embarazadas, uno azul y otro verde. De las marcas que me vestían en el programa, pude seguir usando todo, pero algunos talles más grandes.

Suelen decir que lo peor que puede hacer una embarazada es compararse con una celebrity en el mismo estado. Sos un buen ejemplo de eso, ya estás igual que antes.

Yo comparto eso que dicen, ¿eh? Al mes de parir, pensaba: "¡Qué guachada cómo estaba Pampita al toque de tener su bebé! ¿Cómo hizo?". Yo también me fijaba en cómo hacían las de la tele (risas). Es cierto que tuve suerte, no hice dieta ni nada, pero bajé rápido. Hasta quedé más caderona, y me vino bárbaro, estoy mejor.

¿Es cierto que organizaste una fiestita por el primer "cumplemés"?

¡Sí! Familia, sandwichitos, torta con una velita. Me fui a una casa de cotillón y compré el cartel de "¡Feliz cumplemés!". Me acuerdo de que había una señora en el local que hablaba con la vendedora y le comentaba no sé qué cosas de sus seis hijos y yo rogaba que se fuera antes de que yo pidiera el cartelito porque iba a pensar que era una ridícula. Cuando finalmente me escuchó, me dijo: "¡Ay, yo también le festejé el primer mes a mi primer hijo. A todas nos pasa!". Yo nunca fui muy Susanita, así que cuando me encuentro haciendo esa cosas susanísticas, me digo: "¡Qué bueno que me lo estoy permitiendo sin prejuicio!".

Más allá de Matilda, ¿en qué cosas te cambió el haber sido madre?

Me veo más mujer, más completa, más madura. Me cambió la cabeza.

¿Qué te genera la dimensión de eternidad que implica tener un hijo?

Un poco de miedo provoca. Todo el tiempo me pregunto si estoy haciendo lo correcto. Intento ser la madre que ella necesita. Ni la ideal, ni la mejor, ni la peor, sino la que ella necesita, y todo el tiempo intento llevarle alegría.

¿Cómo?

Le digo que es mejor ser positivo, le canto, le juego y trato de que siempre haya armonía a su alrededor sin que eso se convierta en una burbuja de irrealidad, ¿no? Es como una reeducación para uno mismo también, volver al disfrute, a la alegría.

¿Lo estás compartiendo con tu mamá y con tu hermana?

Sí, claro. Es muy lindo lo que pasa con las mujeres y la maternidad. Se arma como una cosa de tribu femenina cuando hay un bebé y se da eso de pasarse experiencias las unas a las otras. Soy una amante de lo femenino y me fascina cuando las mujeres se unen porque se produce algo muy fuerte. Ahora entiendo muchas cosas de mi mamá y valoro tenerla. El otro día la llamé desesperada porque pensé que Mati se había ahogado. En realidad, fue una tosesita, pero yo hasta le hice respiración boca a boca, algo que no sé hacer. Después la llamé a mi mamá porque tenía ganas de llorar, necesitaba que me escuchara y que me dijera que no pasaba nada.

¿Tenés planes de casamiento?

No, en este momento no lo necesitamos. No hay unión más grande que ésta, y por ahora estamos más ocupados con "¿a qué hora le toca la mamadera a Matilda?" y en entender cómo viene la mano con todo esto.


Por Sebastián Fernández Zini y Carola Birgin
Fotos de Fernando Dvoskin
Producción de Carol Schmoisman

2 comentarios:

FMFA-rules dijo...

Que feo eso de usar los scans de otros sitios y borrarles el logo para ponerles otro encima.

RENZO BERECOECHEA dijo...

Fijate que aparecen los logos del sitio original. En ningun momento quisimos borrarlos.

Saludos!